escribo desde el templo de la maldad
desde donde las vísceras campan a sus anchas
y los cobardes pretenden gobernar

escribo desde donde la penumbra es el valor real
de una vida creada a partir de la pérfida naturalidad

escribo en una hoja repleta de suciedad
con un bolígrafo que desprende olor a mortandad
y escribo por no salir de la farola
que esta noche es la única que me quiere alumbrar

escucho voces que me pretenden atolondrar
con sonidos desquiciantes que recuerdan a la verdad
y siento golpes en el alma y no los logro situar
pues es tan fuerte el sufrimiento que no lo quiero aliviar

escucho también mis lamentos que provienen del mas allá
con un efecto desquiciante que hacen que pierda la moral
y contesto entre lágrimas y gritando a la infinidad
que esta herida no se cura y que alguien me venga a salvar

entro en el jardín de la desesperación, en soledad, únicamente armado de mi alma y de mi manera de pensar.
siento tener que sentarme y sólo oírme respirar, siento que el espacio sea tan grande, que yo sólo no lo sea capaz de rellenar

sin opciones, mas allá del burdo cosquilleo que supone sentarme a pensar, me lío un rollo de felicidad, me hago preguntas pero no las se contestar, indago, intento ser un poco mas locuaz, pero mi alma sabe, por encima de la bondad, que hay respuestas que es mejor no encontrar.

quizás este humo me pueda entonar, quizás sus residuos, que acampan en mi alma, me hagan ver luces que pudiera no querer iluminar, quizás, y solo quizás, el humo descubra lo que no se muestra en la turbia realidad.

y termina la ceremonia de sentirse sólo en mitad de esta ciudad, y decido acompañarme sin querer decepcionarme, pues si por culpa de un momento no contemplo aquellos sentimientos, quizás aquella niebla que nace en mi interior no sea más que la coraza que protege mi maltrecho corazón

me moriré ausente de mi cuerpo
no lo puedo evitar
y sentiré el frío entre mis piernas
mientras intento suplicar
que el quemazón de mi alma
se intente aliviar

moriré sentado de espaldas
viendo la última gota pasar
con la corona de espinas
enfrentadas entre sí
con penitencia
de haber querido existir
y la honrada desnudez
de quien no dejó limpia
la figura de su ser

moriré
como muerta baja el agua
que en estos días me da de beber
sin tapujos ni salidas
estancada
por no saber desembocar
en aquella negra laguna
donde todos debemos reposar

y en el lecho de un lamento
con teñida lágrima de saciedad
perderé la vida por aquel encuentro
que sin escucharlo
eclipsado como la llena luna
cuando suena el lobo al aullar
se despoja de sus luces
de sus almas y su forma de pensar
pues ese aullido
el de la noche en la que no despertarás
suena melódico
al mismo tiempo tácito
suena a poesía de voracidad...

aquel camino de dorado tornó en soledad, con aquellos brillos que antaño desprendió y aquella idea capaz de hacerme levitar.
Ahora ando de espaldas y sólo veo lo que dejo pasar, que sin tenerlo de frente y sin ser capaz de asimilar, pierdo cada momento para no volverlo a recuperar.

y sigo sin darme cuenta, y sigo sin poderme enderezar, cada baldosa de este camino me recuerda con satírica sonrisa que no la volveré a pisar

hay días que tropiezo y me cuesta volverme a levantar, las manos quedan magulladas, la espalda dolorida, mis rodillas ya no aguantan el paso intermedio desde las cuclillas, y mi alma que cada día se me intenta escapar no son mas que algunas de las cosas que me hacen recapacitar.

en una de tantas me consigo de nuevo girar, y miro al horizonte y mis ojos comienzan a sangrar, el futuro teñido de rojo, el suave tacto de la sangre me recorre la mejilla mientras pienso si de veras valió la pena girarme y hacia delante volver a mirar.

y pierdo la mirada cual fantasma acoplado a la foto de mi vida, sintiendo que alguna vez la moneda cayó de canto y mi apuesta por la vida quedó pendiente de un relato que aún no he podido descifrar.

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Llévatelo a casa

ISBN: 978-1-4092-2739-7
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